En este apartado os voy a explicar uno de mis proyecto más ambiciosos de los que pude llegar a convertir en algo más «serio» y que no tiene que ver directamente con el mundo del diseño y la web.

Desde pequeño, uno de mis hobbies siempre han sido los videojuegos. En la época que tenía 18 años, hace unos 8, el mundo de los videojuegos se revolucionó para reconvertir lo que habían sido un mero pasatiempo toda la vida, en algo que puede llegar a ser competitivo y profesional. Muchos videojuegos empezaban a crear alrededor suyo un mundo totalmente diferente a lo convencional: ya no se jugaba para divertirse, sino para ganar.

En esa época, yo jugaba activamente a menudo y junto a unos amigos formamos un equipo para empezar a competir de forma amateur. Poco a poco, las primeras organizaciones de equipos empezaban a asomarse y el mundillo de los deportes electrónicos empezaba a crecer cada vez más rápido. Fue entonces, cuando mi inquietud para hacer cosas nuevas, me llevó a crear una organización llamada OutLaw Gaming, en la que teníamos un par de equipos que competían en la Liga Profesional de Videojuegos española.

Al ver que la cosa funcionaba, cada vez me dediqué más a gestionar la organización y menos a jugar, así que hicimos un gran paso y formamos un Club, con 8 equipos activos jugando semiprofesionalmente en diferentes juegos y plataformas Online. Formé un equipo de STAFFS que nos encargábamos de gestionar los equipos, las inscripciones a los torneos, el diseño gráfico, búsqueda de patrocinador, gestión de redes sociales y márqueting, etc.

Tuvimos la suerte de conseguir varios patrocinadores que ayudaban a pagar los torneos, los viajes de los jugadores, camisetas y material necesario para jugar. Fue una época en la que de la nada, pudimos alzar un proyecto sin a penas recursos ni inversión y disfrutar como niños pequeños.

Durante 3 años, el club tuvo mucha actividad participando en cientos de torneos, asistiendo a eventos importantes por toda España y creanado una red alrededor del club que abarcaba jugadores, entrenadores, diseñadores, promotores, seguidores y mucha gente involucrada en el proyecto. Fue algo muy bonito.

Sin embargo, todo tiene su parte buena, y su parte mala. Hubo un momento, que mantener el club era económicamente difícil con los patrocinadores que teníamos. Fue entonces cuando tuvimos que tomar la decisión de cesar algunos equipos, que fueron fichados por clubes con más potencial económico y donde podían ofrecerle más apoyo. Después de esto, el club se mantuvo durante medio año más, pero al haber perdido presencia en equipos, y de la desmotivación de algunos miembros, decidimos cesar la actividad y terminar la etapa.

Más arriba podéis ver algunos de los diseños corporativos del club, aunque algún día me gustaría enseñaros de más cerca algunas cosas que hicimos.

Personalmente, fue una de mis mejores épocas de la vida. Conocí muchísima gente y lo mejor: estaba haciendo algo que me encantaba, sin pensar en ningún beneficio económico. Dirigir un proyecto tan especial, con decenas de personas y ver que la cosa funcionaba, fue algo totalmente satisfactorio. Mi consejo es que hagáis lo que os gusta. Probablemente, hubiera podido ir mejor si hubiéramos podido invertir algo más de dinero, pero decidimos que «ya nos lo habíamos pasado suficientemente bien».

Como apunte final, para los que no estáis mucho en el mundillo de los deportes electrónicos, decir que hoy en día la cosa ha crecido hasta unos niveles impensables. Esta indústria mueve millones de euros cada año, existen federaciones internacionales de deportes electrónicos, incluso hay países que ya lo reconocen como deporte olímpico. Sin ir más lejos, ya hay más de 20 clubes europeos de deportes convencionales (Bàsquet, Fútbol, etc) que ya tienen sus equipos de deportes eletrónicos. Empresas TOP mundial como son Movistar, Airbus o Samsung han apostado por patrocinar con millones de euros a equipos y jugadores de esta disciplina.